Para tu mejor juventud, buongiorno Italia. – Per la tua meglio gioventù, buongiorno Italia
13 noviembre 2011
Madrid, 13 novembre 2011. ore oo.50
Al leggere le cronache della caduta di Silvio Berlusconi, e al farlo da qui da Madrid, non può non venire un nodo alla gola. Berlusconi rimane in debito con il paese, scrive Pablo Ordaz su El País. In “debito con la meglio gioventù che ha dovuto scegliere tra la disoccupazione e l’emigrazione perchè il merito non è riuscito a vincere la battaglia contro l’ammanicamento”. Altro nodo alla gola. Migliaia di giovani italiani hanno lasciato il paese in questi anni, a un ritmo di 60.000 all’anno nell’ultimo decennio. Non pretendo di far parte della “meglio gioventù” ma so di condividere con molti di quei giovani il senso di amarezza che le immagini di queste ultime ore lasciano in bocca.
Da festeggiare è rimasto ben poco. Le dimissioni di un governo incapace di governare, di un primo ministro che in 17 anni, al potere e all’opposizione, ha costruito uno Stato-azienda, spezzettando il senso comune e gettandolo nei mille rivoli di un individualismo sfrenato e di un edonismo pacchiano, arrivano per sfinimento. Lo sfinimento di un paese che stasera si ritrova con il mal di testa di una sbronza ventennale, con gli occhi lucidi di chi non si sa se piange o ride, con la voce rauca di chi ha trattenuto in gola un grido per tanto tempo.
Oggi ripasso, como in un flash, le manifestazioni, le speranze, le illusioni dei miei vent’anni negli anni 2000. Per chi è nato tra la fine degli anni ’70 e l’inizio degli ’80, non c’è stato altro che berlusconismo. Per noi che a fatica tentavano di costruirci un’identità política, al liceo, all’università, mentre i “grandi” ci ripetevamo che le “ideologie erano morte”, l’antiberlusconismo era il primo spartiacque. Poi veniva il resto. E sul resto che si aprivano le divisioni e si formavamo le identità. 
Identità mobili, perchè mentre il paese si cristallizzava in un fermo immagine che è durato fino a oggi, alla mia generazione hanno insegnato a furia di contratti cocopro, a progetto, a “occhio”, che di “immobile” non c’èra niente. Che bisognava essere flessibili. Flessibili davanti alle pacche sulle spalle “perchè sei bravo ma non ti possiamo offrire di più”; flessibili perchè “almeno noi paghiamo, poco ma paghiamo”; flessibili perchè “ti lasciamo un mese a nero e poi ti rifacciamo il contratto”…
Fino a quando qualcuno, molti non si sono stancati. E spesso, senza avere in testa nessun grande progetto, hanno deciso di dare una possibilità alla loro gioventù, facendo i bagagli e cambiando un po’ d’aria. Per ritrovarsi a spiegare, giorno sí, giorno no, “com’è possibile”. Molti stasera, dalle loro nuove case, in posti più o meno lontani, proveranno, credo, questo misto di amarezza e speranza che mi lascia intontita davanti al pc. Intontita pensando non a chi è andato via ma a chi è rimasto. Ai tanti amici, coetanei, che in questi anni hanno continuato una battaglia quotidiana che, per molti, era “contro i mulini a vento”; che hanno continuato a coltivare la coscienza civile che servirà a ricostruire un tessuto sociale sfilacciato fino all’ennesima potenza; o che, semplicemente, hanno fatto di tutto per non perdere il sorriso.
NB: …e attenti che i colpi di coda possono ancora fare danni.
(sigue la versión en español)
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Al leer las crónicas de la caída de Silvio Berlusconi, y al hacerlo desde aquí en Madrid, no se puede no tener un nudo en la garganta. Berlusconi se va con una deuda pendiente con Italia, escribe Pablo Ordaz en El País. Una deuda también “con la mejor juventud, que tiene que elegir entre el paro o la emigración porque el mérito perdió su batalla frente al enchufe”. Otro nudo en la garganta. Miles de jóvenes italianos han salido del país en estos años, a un ritmo de 60.000 cada año en la última década. No pretendo incluirme en esta “mejor juventud” pero creo que hoy comparto con muchos la amargura que las imágenes de las últimas horas dejan en la boca.
Queda muy poco que celebrar. La dimisión de un gobierno incapaz de gobernar, de un primer ministro que en 17 años, en el poder o en la oposición, ha construido un Estado-empresa –troceando el sentido común y esparciéndolo en miles riachuelos de un individualismo desenfrenado y de un hedonismo hortera– llega por agotamiento. El agotamiento de un país que se queda esta noche con el dolor de cabeza de una borrachera larga veinte años, con los ojos húmedos de quien no sabe si llora o si ríe, con la voz ronca de quien por mucho tiempo ha reprimido un grito en la garganta.
Hoy repaso, como en un flash, las manifestaciones, las esperanzas, las ilusiones de mis veinte años en los años 2000. Para quien nació entre finales de los ’70 y comienzo de los ’80, no ha habido otra cosa políticamente que berlusconismo. Para nosotros que, con esfuerzo, intentábamos construirnos una identidad política, en el liceo, en la universidad, cuando los “mayores” nos decían que “las ideologías habían muerto”, el antiberlusconismo era la primera línea divisoria. Luego llegaba todo lo demás. Y sobre lo que quedaba se abrían las divisiones y se formaban las identidades.
Identidades móviles, porque mientras que el país se cristalizaba en una imagen congelada que ha llegado hasta ahora, a los de mi generación non enseñaban, a golpes de contratos de obra, contratos a proyecto, contratos por hora, y demás chapuzas, que de inmóvil no había nada. Que había que ser flexibles. Flexibles ante las palmaditas porque “eres muy bueno pero ahora no podemos ofrecerte más”; flexibles porque “al menos nosotros te pagamos, poco pero te pagamos”; flexibles porque “te pagamos un mes en negro y luego te volvemos a contratar”…
Hasta cuando algunos, muchos se cansaron. Y, a menudo sin grandes proyectos, decidieron dar una posibilidad a su juventud, haciendo la maleta y cambiando un poco de aire. Para, una vez fuera, tener que explicar, día no día sí, “que cómo es posible”. Muchos, esta noche, en sus nuevas casas, en lugares más o menos lejanos, probarán, creo, este mixto de amargura y esperanza que me deja aturdida delante del ordenador. Aturdida pensando no en quien se fue, sino en quien se quedó. A muchos amigos, coetáneos que han continuado la batalla diaria contra los que para muchos era “molinos de viento”; que no han dejado de cultivar la conciencia civil qua hará falta para reconstruir un tejido social deshilachado hasta la enésima potencia; o que, sencillamente, han hecho todo lo posible para no perder la sonrisa.
Buongiorno, Italia.
PD: y ojo que los coletazos aún pueden hacer daño.
El muro contra la verdad. Italia niega el derecho de información sobre los centros de detención de inmigrantes.
26 julio 2011
Mientras en España vuelven a ser noticia las llegadas de cayucos a la costa mediterránea, en Italia sindicalistas y periodistas luchan por contar la verdad sobre lo que pasa en los CIE (centro de identificación y expulsión) donde viven, a menudo hacinados y en condiciones deplorables decenas y decenas de inmigrantes cuyo único delito es haber querido cruzar la frontera de la Forteza Europa. El Ministero de Interior de Italia el pasado 1 de abril decidió, con una orden sencilla, impedir el acceso a los CIE de prensa y periodista “por estorbar”. Literal.
La orden, lo que en italiano se define “circolare ministeriale”, que no es una norma sino un reglamento interno de la pública administración, fue dictada y aplicada justo mientras los CIE se llenaban de decenas de tunecinos y libios llegados tras la revuelta en Túnez y el estallido de la guerra en Libia. Refugiados y no inmigrantes en condición irregular, pero tratados como tal.
¿Por qué el estado italiano no quiere que los periodistas entren en los CIE? ¿Qué tiene que esconder? ¿Quizás las condiciones infrahumanas denunciadas hace unas semanas en una investigación de una periodista que consiguió colarse a pesar del veto en la especie de Guantánamo que es el CIE de Bari? ¿O la desesperación de gente que ve pasar sus días entre rejas sin solución de continuidad y que llega a autolesionarse? ¿O las palizas como la que se denunciaron hace tiempo en Gradisca y la que sufrió en el CIE de Roma una joven tunecina por parte de tres policías?
Ayer, el 25 de julio, para romper el cerco de la censura del Gobierno y reclamar el derecho de información decenas de ciudadanos se han sumado a la iniciativa lanzada por organizaciones sindicales y asociaciones de periodistas con piquetes de protesta frente a los CIE de toda Italia. Desde Trapani hasta Turín, desde Crotone hasta Bologna. Para denunciar el coagulo de negaciones del derecho que los CIE representan.
PD: Para quien quiera tener una información completa sobre la cuestión, remito al blog de Gabriele Del Grande, fortresseurope.blogspot.com
A Roberto. In Memoria.
17 junio 2011
Questo blog ha come sottotitolo “le storie che sfuggono alla velocità della notizia”.
Ma questa storia, perchè è una storia e non una notizia, non sfugge, né può farlo. Sono passati poco più dieci giorni da quando appena sveglia il 20 maggio ho saputo della morte di Roberto Morrione.
Da allora non riesco a non pensarci. Ho rimandato ogni giorno e alla fine oggi ho deciso di scrivere. E di scrivere in italiano, come non faccio ormai da tempo. Scrivendo conobbi Morrione nel gennaio del 2002. Lo avevo visto in facoltà a Roma in una lezione a Scienze della Comunicazione e più tardi decisi di intervistarlo per completare una tesina du RaiNews24 che stavo preparando. Abituata ai tanti ‘no’, ‘vediamo’, ‘richiami più tardi’ del giornalismo nostrano, non immaginavo che mi avrebbe ricevuta quasi immediatamente. Lo fece nella sua redazione, a Saxa Rubra. Ricordo perfettamente il momento della presentazione, il mio imbarazzo al momento di tirar fuori il registratore, la lista di domande che avevo preparato e l’amabilità con cui rispose a tutte con l’attenzione e la precisione di chi ti prende sul serio anche se sei una appena ventenne alle prese con un esame…da allora, Roberto Morrione fu, senza saperlo, uno degli esempi a seguire. Non è questione di usare frase retoriche, fu cosí e basta. Lo fu per quello che avevo letto su di lui, ascoltato nelle conferenze, per le inchieste che sotto la sua direzione RaiNews24 produsse (come quella mitica di Sigfrido Ranucci sul fosforo bianco a Falluja).
E fu per questo che quando molti anni dopo ebbi la possibilità di lavorare con lui, accettai senza esitare. Era il sogno di lavorare con una delle persone che più avevo stimato professionalmente. Si trattava di mettere in piedi il sito di Liberainformazione. Roberto guidava un piccolo gruppo di ragazzi tra i quali c’ero anche io. Però l’esperienza per decisione mia e ragioni che non vengono al caso, finí per me appena due mesi dopo. Quando lo dissi a Roberto (sbagliando i tempi e i modi) si arrabbió molto. Mi fece quella che si dice una bella “strigliata”. Aveva creduto in me e lo avevo deluso. Io, che avevo visto l’umiltà e la dolcezza con cui ogni giorno veniva nella sede per mettere in marcia il progetto, non gli dissi la verità.
Inventai che me ne andavo perchè avevo ricevuto un’offerta migliore (cosa ahimé non vera… andavo a lavorare in una rivista con un contratto part-time dove le prospettive e i guadagni non erano affatto migliori) perchè non ritenni opportuno spiegargli le mie ragioni. Credetti che non le avrebbe capite ed il rispetto che avevo per lui era troppo grande. Sbagliai. Sbagliai immensamente. L’onestà intellettuale che era la dote principale di uno dei migliori giornalisti che l’Italia ricordi, gli avrebbe permesso di capire. Sempre ho pensato che avrei avuto modo di spiegarmi, prima o poi. E invece il tempo è passato, la vita mi ha portato in altri posti e la malattia che diagnosticarono a Roberto pochi mesi dopo il mio passaggio a Liberainformazione se l’è portato via.
Non so che penserebbero (e penseranno se dovessero leggere questa mia) i compagni di quella per me breve avventura. Chissà che non ho molto diritto a scrivere in memoria di Roberto. E forse hanno ragione, ma tant’è. Credo che a lui avrebbe fatto piacere. Quando seppi della sua malattia, gli scrissi una mail, poche righe, timorose (non ci eravamo lasciati benissimo, come si dice…), per chiedergli come stava, come andavano le cose, per dirgli che anche se su binari diversi cercavo di seguire la strada indicata. Mi rispose con quella pacatezza e quella dolcezza che sempre trapelavano dietro gli occhiali grandi, lo sguardo che a volte si faceva severo e il sorriso che emergeva dai suoi grandi baffi. “Per la mia salute non è un periodo fortunato: sembra che abbia voluto allinearsi al quadro generale del Paese, mai stato così inquietante…Sono comunque le cose della vita e bisogna guardare sempre in avanti, con fiducia e determinazione”, mi scrisse. Guardare sempre avanti, con fiducia e determinazione. Mi raccontava di come seguiva a Liberainformazione e del premio Alpi e di come doveva inserire gli impegni nella programmazione delle cure di chemio. Chiudeva il testo augurandomi che il lavoro andasse bene e in linea alle “tue aspettative”. “Non mancheranno altre occasioni di collaborazione su percorsi che non sono certo dissimili”. Mi piacerebbe cosí tanto che fosse stato cosí. Mi piacerebbe tanto poter dire, avendone la certezza, che il percorso che sto seguendo non è dissimile. E spero che, anche se non ho avuto il tempo di dirglielo di persona, Roberto sappia che ho cercato e cerco di tener presente l’esempio che ha dato a me ma soprattutto alle decine di persone che in questi anni hanno condiviso con lui l’impegno che ogni giorno metteva per cercare di fare dell’Italia un paese migliore.
Quando stanotte ho visto i video del suo funerale, la camera ardente a Palazzo Valentini, le parole della figlia Gaia e dei colleghi, mi son sentita in colpa per non essere lì in mezzo. E’ parte del prezzo che si deve pagare. Come le lacrime che non smettono di scendermi giù per il viso.
Grazie, Roberto.
Ps: il post lo pubblico ora, dopo due settimane di “decantazione” dalla notte in cui lo scrissi…
Pd: Esta entrada de momento solo está escrita en italiano.
Morire di fabbrica nel secolo XXI
29 septiembre 2010
Questa sí è una di quelle storie che scappano alla rapidezza, sempre più rapida, delle notizie. Lunedí mattina la stampa italiana informava molto brevemente della morte de due cittadini cinesi nell’incendio di una fabbrica di mobili dove lavoravano…e vivevano. Una storia con pochi dettagli, come è abituale che siano últimamente questo genere di storie nella stampa. Sembra che le fiamme divorarono lo stabilimento di Mugió, in provincia di Monza e Crianza, nel cuore del cosiddetto nord productivo. Una fabbrica a “conduzione familiare” per quello che si sa. Gran parte degli operai che dormivano sui materassi tirati al suolo sono riusciti a scappare. Però per due di loro non c’è stata via d’uscita: i pompieri li hanno trovati i corpi carbonizzati in mezzo ai resti dell’edificio. E’succeso altre volte e altre volte succederà, temo. Elocuente il titolo del Manifesto: “Nessuna via d’uscita per gli schiavi del Secolo XXI”.
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Esta sí es una de aquellas historias que se escapan a la rapidez, cada vez más rápida, de las noticias. El lunes por la mañana la prensa italiana informaba muy brevemente de la muerte de dos ciudadanos chinos en el incendio de la factoría industrial en la que trabajaban…y vivían. Una historia con pocos detalles, como suelen ser últimamente estos tipos de noticias en la prensa. Lo que parece es que las llamas devoraron una fábrica de muebles en Mugió, en provincia de Monza y Crianza, el corazón del llamado norte productivo. Una fábrica familiar, por lo que se sabe. Algunos de los empleados que dormían en colchones tirados en una de las dos plantas de la estructura consiguieron escaparse. Pero para dos de ellos no hubo salida…los bomberos encontraron sus cuerpos calcinados en medio de los restos del edificio. Ha pasado otras veces y pasará más veces, me temo…Elocuente el titular del periódico Il Manifesto: “Ninguna vía de escape para los esclavos del Siglo XXI”.
Los Mundiales de la vida
11 julio 2010
Los Mundiales de fútbol tienen un poder del que pocos otros acontecimientos, deportivos y no, pueden jactarse. Suelen marcar fechas. Para los aficionados y también, a pesar de todo, para los que dicen que inflamarse por once tíos persiguiendo a un balón es una forma muy primitiva de mirar al deporte. Creo pertenecer a la primera categoría. Aunque sin entender bien de regates y faltas, me apasiono viendo un partido y siempre voy con alguien.
Está vez voy con España. Además que por razones filosóficas –su buen juego, el espíritu de equipo en un deporte cada vez más de estrellitas, la épica de una selección a su primera final mundial– y por motivos prosaicos –mi selección, Italia, no pasó ni a octavos– hay razones sentimentales, por así decirlo, que hacen que, de una forma o de otra, también este Mundial marcará fecha.
Hace cuatro años, el 9 de julio de 2006, el día de la final del Mundial de Alemania, acababa de llegar a Venezuela. Un día después del aterrizaje a Maiquetía, el aeropuerto de Caracas, viajé a Los Roques. Había visto la semifinal en Roma, donde, como si los azzurri hubieran ya ganado la copa, se desató la locura más locura que haya nunca visto tras un partido. Así que ver la final fuera de mi país dolía un poco y más considerando que, por muy paradisiaco que fuera, el archipiélago caribeño en el que me encontraba, sólo tenía 800 vecinos.
Pues resulta que la posada donde me alojaba era, como otras en Gran Roque, de un italiano (algunos dicen, con razón, que somos como la mala hierba que crece en cualquier sitio), y la visión del Mundial se transformó en una reunión de una veintena de italianini (como nos llama mi amigo Camilo) que hacían piña para recrear en aquel diamante engastado en las aguas esmeraldinas del Caribe, algo del inmenso jaleo que se vivía en la bota al otro lado del Océano. Lo conseguimos y hasta tuve que sufrir el desafío de uno de los niños de amplias sonrisas y grandes ojos de la isla que vitoreaba a los bleus. Aquel niño fue uno de mis primeros contactos con el español. Con el idioma español. Aquel día fu mi primera verdadera clase de español, del que hasta entonces no conocía que un puñado de palabras sueltas. Los dos meses que siguieron en aquel país y sobre todo los primeros diez en el archipiélago están probablemente entre las causas que hacen que, cuatro años después, esté en el país del español y tenga otra selección a la que animar.
Cuatro años después, un Mundial vuelve a marcar fecha. Porque hace cuatro años ni podía imaginar que vería la siguiente final en la redacción – otro sitio tan extraño como especial- del principal periódico del país que disputa la final y que no es el mío.
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PD: Hace tan sólo unos días no tenía conciencia de la importancia que por España tuvo el codazo de Tassotti a Luís Enrique en el Mundial de 1994 (no por razones de edad, ya que tenía 14 años, sino porque creo que en mi país sólo se habló de pasar a la semifinal y a la final que, por cierto, ganó Brasil en los penaltis tras un clamoroso error del siempre grande Roberto Baggio). El acontecimiento marcó fecha para los españoles mucho más, creo, de cuánto hizo la final perdida para los italianos. Aunque sé que no valdrá como asunción de culpabilidad a posteriori, valga a los españoles que según dice hoy el Corriere della Sera, el pulpo Paul, que va con España, se llama Paolo y es italiano: le pescaron en abril en aguas de la isla toscana de Elba.
(La nueva entrada del blog es otro experimento, como siempre ha sido esta bitácora desde su comienzo…habrá más y habrá cambios, pero hay que esperar el momento justo. Pero la final del Mundial merecía un regreso tras seis meses de silencio)
En Madrid nieva sin cesar desde hace cinco horas. Pero la noche me parece aún más fría hoy. Una oleada de frio intenso y seco que me llega a través de los comentarios de los lectores, de los editoriales, de las noticias que llegan desde un pueblo a centenares de kilómetros de aquí. Desde Rosarno. Desde Calabria. Este blog se llama “cuenta cuentos” pero empiezo a darme cuenta que siempre hay cuentos tristes y más si hablan de Calabria. Es una culpa que asumo pero de la que no me excuso. El cuento hoy es más triste que nunca. Y amargo. Como las naranjas cuando se recogen demasiado pronto. O demasiado tarde. Las naranjas que puntean la Piana di Gioia Tauro, que una vez más ha hecho hablar de sí por algo que no sirve para enorgullecerse. La caza a los inmigrantes africanos que se ha desencadenado estos días es de lo más triste que me ha tocado comentar sobre Calabria. Hace años que en la prensa salen periódicamente reportajes y reportajes sobre cómo vivía esta pobre gente que va a recoger el oro de la Piana por 1 euro por caja, viviendo en condiciones infrahumanas como desechos a perder una vez acabada la campaña. Aquí por si alguien todavía no ha leído o visto nada, hay unos buenísimos reportajes de Gabriele Del Grande y un servicio de la BBC de hace un año.
Son imágenes que duelen. Y más porque es Rosarno. La tierra donde en los años Sesenta los jornaleros se rebelaron a las condiciones de semi-esclavitud a las que les obligaban los padrones; que protagonizaron la lucha por los derechos laborales y fueron capaces de hacerse elegir en el Parlamento, como Mommo Tripodi, histórico líder sindical que aún hoy defiende la dignidad de lo que fue la Piana.
De lo que fue y de lo que nunca fue. La Piana de las promesas olvidadas sobre las que la ‘ndrangheta, la mafia calabresa, ha construido su poder, haciendo de paraEstado allí donde el Estado no estaba. La Piana donde tenía que nacer el nuevo Polo industrial del Sur de Italia. De estas promesas quedan las reliquias de la ex Opera Sila – el Ente que tenía que impulsar el desarrollo rural de la región y que en mi memoria siempre ha sido asociado al degrado de construcciones en medio de la nada que vi de pequeña en la provincia de Crotone – y de otros elogios al derroche de fondos públicos como las fabricas abandonadas en las que dormían los inmigrantes de Rosarno.
Me parece que hemos olvidado de dónde venimos. Pero hoy lo que más me duele es que no tenemos ni idea de hacia dónde estamos yendo. (Segue in ITALIANO)
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A Madrid nevica da cinque ore. Però la notte sembra ancora più fredda oggi. Un’ondata di un freddo intenso e secco mi arriva attraverso i commenti dei lettori, degli editoriali, delle notizie che si stanno scrivendo su un paese a centinaia di chilmetri da qui. Da Rosarno. Dalla Calabria. Questo blog si chiama “cuenta cuentos” ma comincio a rendermi conto che quasi sempre sono racconti tristi sopratutto se parlano della Calabria. E’ una colpa che ammetto ma della quale non mi scuso.
Il racconto di oggi è più triste che mai. E amaro. Come le arance che si raccolgono troppo presto. O troppo tardi. Le arance che punteggiano la Piana di Gioia Tauro, che una volta di più ha fatto parlare di sé in un modo che non inorgoglisce. La caccia agli immigrati africani che si è scatenata in questi giorni è tra le cose più tristi che mi è capitato di commentare.
Smile
18 diciembre 2009
Esta vez la entrada será breve y esencial. Buseando en mi ordenador me topé con el file de Smile…Sé quien lo ha puesto en él. Alguien tan maravilloso como las notas y las letras de esta canción.
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Questa voltail post è breve e essenziale. Vagando per il mio computer ho incontrato il file di Smile…So chi ce l’ha messo. Una persona meravigliosa come le note e le parole della canzone.
Maria Grazia Cutuli. In ricordo
19 noviembre 2009
Il 19 novembre del 2001 moriva in un agguato in Afghanistan Maria Grazia Cutuli, inviata dal Corriere della Sera a coprire una guerra di cui anconra non si vede la fine. Insieme alla giornalista italiana morirono nello stesso agguato l’inviato del quotidiano El Mundo, Julio Fuentes, il reporter australiano Harry Burton e l’operatore afgano Azizullah Haidari, di Reuters. Il Corriere aveva appena pubblicato un reportage di Maria Grazia su un deposito di gas nervino in una base abbandonata dai terroristi di Al Qaeda.
Quando morì Maria Grazia aveva 39 anni.
La notizia della sua morte arrivó poco prima di una lezione all’università. Storia della Radio e della Televisione. Io che allora avevo ventuno anni chiesi al professore di fare un minuto di silenzio. Non ricordavo il suo nome – all’epoca leggevo solo La Repubblica e, più raramente, Il Manifesto – però il suo volto, lo sguardo intenso che emergeva dalle fotografie mi furono subito familiari.
Otto anni dopo, mi piace ricordarla con una delle tante foto pubblicate dal sito della Fondazione che porta il suo nome, e che la ritrae poche settimane prima della sua morte, sorridente, mentre fa il mestiere più bello del mondo.
(sigue versión en español) Leer el resto de esta entrada »
Fotoperiodismo, fotogiornalismo
8 noviembre 2009

“Si estás en contacto con el sufrimiento tienes que acabar golpeado y dolido por ese sufrimiento. Es algo que a los periodistas nos llena de incertidumbres, pero es importante saber que no somos ajenos y no estamos aquí de paseo”.
Después de mucho tiempo vuelvo para homenajear a Gervasio Sánchez, un gran fotorreportero que esta semana ha recibido el Premio Nacional de Fotografía. La frase aquí arriba es suya y me parece una gran definición de periodismo. Tengo que decir que antes de mi llegada a Madrid, por uno de mis muchos desconocimientos, no conocía el nombre ni la obra de Sánchez. La primera vez que me topé con él fue en el blog de Ramón Lobo, que desde entonces no he parado de leer.
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“Se stai a contatto con la sofferenza devi finire colpito e ferito da questa sofferenza. È qualcosa che come giornalisti ci riempie di incertezza, ma è importante sapere che non possiamo essere distanti e non siamo qui per passeggiare”.
Dopo molto tempo torno per rendere omaggio a Gervasio Sánchez, un gran fotoreporter che questa settimana ha ricevuto il Premio Nazionale di Fotografia in Spagna. La frase qui sopra è sua e mi sembra una gran definizione di giornalismo. Devi dire che prima del mio arrivo a Madrid, per una delle mie molte ignoranze, non conoscevo né il nome né il lavoro di Sánchez. La prima volta che ne ebbi notizia fu grazie al blog di Ramón Lobo, che da allora non ho smesso di leggere.
Morti ammazzati…Muertos asesinatos
20 septiembre 2009
Domenico il 25 giugno stava giovando a calcio con suo padre. Una partita di calcetto, come quelle che si cominciano a giocare quando fa bel tempo. La partita che alcuni sicari avevano scelto per uccidere un giovane di nome Gabriele Marrazzo. Per farlo hanno sparato all’impazzata contro tutti quelli che si trovavano nel campetto. Domenico è rimasto gravemente ferito. E’ rimasto in coma tutto questo tempo e stasera è morto.
Tutto questo a Crotone. Non a Kabul, né a Mogadiscio. A Crotone. Dove la gente puó morire perchè si trova in un campetto di calcio una sera d’estate.
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Domenico el 25 de junio estaba jugando con su padre al fútbol. Un partido de los que se organizan cuando empieza a hacer buen tiempo. El partido que unos sicarios eligieron para matar a un joven de nombre Gabriele Marrazzo. Para hacerlo dispararon contra todos los que estaban en el campo de juego. Domenico resultó herido grave. Desde entonces se ha quedado en estado de coma y hoy ha muerto. Todo esto a Crotone. Ni a Kabul, ni a Mogadiscio. A Crotone. Donde la gente puede morir por encontrarse en un campo de fútbol en una noche de verano.

